Gordura

  La educación de nuestros hijos también implica enseñarlos a comer

Los gustos y preferencias en la dieta de un adulto están determinadas por las experiencias gustativas que ha tenido a lo largo de su vida. Es por eso, que los hábitos alimenticios de la infancia pueden llegar a influir en los que nuestros hijos tendrán posteriormente. No obstante, llegamos a utilizar el concepto “cultura culinaria” cuando nos referimos a la tradición que una comunidad mantiene respecto a su cocina y el grado de elaboración y variedad que la caracteriza. En nuestros hogares también podríamos evaluar nuestra cultura culinaria para tomar conciencia de qué tan variada o restrictiva es la dieta que les ofrecemos a nuestros hijos.
Dieta infantil

Dieta infantil

Actualmente con la extensa oferta de alimentos procesados, los padres asumimos que si un empaque trae caricaturas o presentaciones pequeñas, es adecuado para ellos, sin tomar en cuenta que ese tipo de alimentos para el consumo infantil son los que más colorantes y azúcares contienen. Con la mercadotecnia que nos rodea y las limitaciones de la vida laboral terminamos por caer en un ritmo constante de consumo de ese tipo de alimentos, cuando existe la posibilidad de alimentos tan versátiles como las frutas y verduras, el problema es que como no las procuramos los niños dicen que no les gustan, podríamos seguir insistiendo hasta modificar sus gustos y hábitos.

 La cultura culinaria que les otorgamos a nuestros hijos está empacada en nuestra comodidad y la falta de reflexión acerca de la trascendencia de la nutrición adecuada.
En ocasiones el paladar de nuestros hijos solamente reconoce el sabor de los alimentos procesados con conservadores.
Inclusive, a veces son reacios a comer el mismo alimento fresco, comúnmente aceptan tomar un jugo de mango procesado, de tal forma que cuando queremos que los pequeños prueben la fruta fresca, sienten que los estamos engañando porque no contiene las mismas cantidades de azúcar.
rechazo a los alimentos frescos.

rechazo a los alimentos frescos.

Debemos valorar la trascendencia de nuestra comodidad, en pequeños esfuerzos diarios podemos llegar a variar y mejorar la dieta de nuestra familia. Creo que un buen principio es intentar eliminar cada vez que vayamos al súper un alimento procesado y suplirlo por la elaboración casera. Ninguna industria alimenticia podría empacar un cereal, lácteo o carne fría sin pensar primero en maximizar las utilidades y reducir los costos. Nosotros en cambio, primero debemos pensar – al elegir lo que comerá nuestra familia – en el amor que nos inspira y dejar de lado la comodidad.

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